Para elegir una insoladora de cianotipia, comprueba que emite UVA en torno a 365 nanómetros con tubos BLB, que su superficie útil supera tu formato más grande y que presiona bien el negativo; el temporizador es un extra. El sol basta para descubrir la cianotipia, pero no se puede controlar.
Un cielo que se nubla en plena exposición, una estación sin luz, las ganas de sacar una serie idéntica al caer la noche, y enseguida se busca una fuente de ultravioleta estable. Ese es el papel de la insoladora, una caja equipada con tubos UV que sustituye el sol por una luz constante. Elegir qué lámpara UV o qué insoladora comprar depende de tu ritmo, de la primera copia a la centésima.
Aquí encontrarás los criterios de compra de la caja, los elementos de un montaje casero y su calibración. La guía práctica de la cianotipia sitúa cada etapa del proceso. El gesto de exponer, la lectura del cambio de color y el tiempo de exposición se tratan en nuestra guía sobre la exposición de la cianotipia; el uso de una lámpara de apoyo, en la página sobre la cianotipia sin sol.
Para qué sirve una insoladora en cianotipia
Una insoladora es una caja cerrada que ilumina el papel sensibilizado con una luz ultravioleta uniforme. El papel y su negativo, presionados uno contra otro bajo un vidrio, reciben una dosis de luz siempre idéntica de una copia a otra.
Lo que se gana no es velocidad, ya que una insoladora doméstica es más lenta que el sol de pleno verano, sino reproducibilidad. Una vez encontrado el tiempo adecuado para un papel y un negativo concretos, lo vuelves a obtener idéntico al día siguiente o en pleno invierno, algo que ningún cielo asegura. Para quien saca copias en serie o enseña, esa constancia compensa la inversión.
La otra ventaja es la uniformidad. El sol llega como luz direccional y puede crear una sombra bajo un objeto grueso; una insoladora bien diseñada difunde los UV de forma homogénea por toda la superficie. Es muy valioso para los formatos grandes y para los fotogramas delicados (fotografía sin cámara).
Una insoladora da a cada copia la misma dosis de ultravioleta, repartida por toda la superficie.
Qué tubos UVA poner en la caja
Todo depende de la longitud de onda de la luz. La cianotipia reacciona al ultravioleta cercano al visible, entre unos 350 y 400 nanómetros, lo que se conoce como UVA. Es esta banda la que reduce el hierro III a hierro II y desencadena la formación del azul de Prusia.
Los tubos adecuados suelen llevar la indicación BLB, por blacklight blue, y tienen su pico de emisión entre 365 y 370 nanómetros. Son los mismos que los de la luz negra, y se venden en formato fluorescente o en tiras LED. En cambio, los tubos germicidas llamados UVC, que emiten en torno a 254 nanómetros, hay que descartarlos: no ayudan al proceso y son peligrosos para los ojos y la piel.
El número de tubos y su distancia al papel determinan la potencia recibida. Un montaje habitual alinea de cuatro a ocho tubos de quince a veinte vatios, separados de dos a tres centímetros y colocados a pocos centímetros del plano de exposición. Cuantos más haya y más cerca estén, más corta es la exposición, pero el ajuste exacto se encuentra probando, nunca calculando.
La cianotipia reacciona a los UVA cercanos al visible: tubos alineados y próximos entre sí encima del papel.
Comprar una insoladora ya hecha
En el mercado hay insoladoras pensadas para los procedimientos antiguos y la serigrafía, que van muy bien para la cianotipia. Son cajas cerradas con tubos UV, a menudo equipadas con un vidrio de contacto y un temporizador que apaga la luz en el momento deseado.
Antes de comprar, conviene fijarse en tres puntos:
- La superficie útil debe superar el formato más grande que piensas sacar, sin sombra en los bordes.
- El temporizador resulta cómodo para repetir una exposición con precisión de segundos.
- Un buen sistema de contacto, vidrio pesado o tapa que presiona, es imprescindible, porque un negativo mal pegado da una imagen blanda sea cual sea la calidad de los tubos.
Una insoladora comercial cuesta más que un montaje casero, pero llega ajustada, calibrada y fiable. Es la opción tranquila para quien saca muchas copias. Para una práctica ocasional, la fabricación casera suele ofrecer la mejor relación entre precio y uso. En cambio, para unas pocas copias en verano, el sol y un kit de cianotipia bastan, sin ningún equipo.
Una insoladora comercial: caja con tubos UV y vidrio de contacto pesado, con una superficie útil mayor que el formato.
Fabricar tu propia insoladora UV
Una insoladora casera se reduce a unos pocos elementos, y muchos talleres funcionan desde hace años con un montaje propio. El principio es sencillo:
- una caja opaca;
- una fila de tubos UVA en el techo;
- un plano de apoyo en la parte inferior;
- un vidrio para presionar el negativo contra el papel.
El corazón del montaje son los tubos UVA y sus reactancias, esas regletas fluorescentes que se encuentran en las ferreterías. Se fijan uno al lado de otro bajo la tapa de una caja de madera, pintada de blanco por dentro para reflejar la luz. Para un formato de A4 a A3, de cuatro a seis tubos UVA de quince a veinte vatios, a pocos centímetros del papel, ya dan buenos resultados.
El plano de contacto se compone de una tabla bien plana cubierta con una espuma fina, sobre la que se coloca el papel y después el negativo, y de un vidrio encima para presionarlo todo. La presión del vidrio asegura el contacto estrecho del que depende la nitidez de la imagen; una prensa de contacto con bisagra cumple la misma función sin tener que levantar un vidrio.
La seguridad eléctrica no es negociable. Los tubos se cablean según sus instrucciones, se protege el circuito y se cierra la caja para que los UV no se escapen hacia los ojos. Si la electricidad no es lo tuyo, más vale que una persona competente revise el montaje.
Una caja de madera pintada de blanco por dentro, tubos UV en la tapa y la copia presionada bajo un vidrio.
Calibrar la insoladora de una vez por todas
Una insoladora, comprada o fabricada, solo da todo su rendimiento una vez calibrada. Se trata de encontrar, para tu papel y tu tipo de negativo, el tiempo de exposición que da el azul más profundo sin empastar las sombras.
El método se resume en una tira de prueba. Se tapa progresivamente un recorte de papel sensibilizado, se expone por etapas de dos o tres minutos, se lava y se observa qué etapa ofrece el mejor azul, ni pálido ni velado. Ese tiempo pasa a ser tu referencia, y conviene anotarlo en la caja.
Y es que los tubos UVA pierden intensidad con las horas de funcionamiento. Una exposición que se alarga sin motivo suele indicar tubos gastados, que hay que cambiar. Un papel nuevo o un negativo más denso también exigen una nueva calibración, pero la lógica es la misma: el cambio de color de la superficie guía la lectura, como en una exposición al sol.

Colocación de la máscara de una tira de prueba, con la fuente UV apagada entre manipulaciones.
Elegir entre insoladora y sol
El sol es la fuente de UV más bella, gratuita y potente, perfecta para descubrir el proceso y sacar copias al ritmo de las estaciones, siempre que se acepte que el tiempo de exposición al sol cambia con la estación y el cielo. La insoladora no lo sustituye: ofrece lo que él no da, una luz disponible a cualquier hora y rigurosamente constante.
La referencia adecuada es tu propia práctica. En cuanto la regularidad importa, porque sacas copias en serie, enseñas o quieres trabajar en invierno, la insoladora se convierte en la herramienta que hace fiable cada exposición.
Eric Marais — fotógrafo, autor de dos libros sobre fotografía estenopeica (ediciones Pearson) y creador del Sténoflex. Desde el principio imparte talleres de iniciación a la fotografía alternativa, de la fotografía estenopeica a la cianotipia.


